En España le tenemos miedo al pasado y no queremos darnos cuenta de dónde venimos porque nos aterra pensar dónde podemos llegar. Nos hemos empeñado en machacar nuestra memoria con la sangre azul y roja de la historia, pero como decía Orwell : «quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro».

Desde pequeños nos han ilusionado en el mañana. Estamos enfocados a un progreso que parece que nunca llega. Tardes en casa viendo caer las hojas de los árboles, imaginando cómo sería sentarme en una silla diferente para ver caer las hojas de otros árboles desde la octava planta de un edificio con una bonita cristalera.

Nosotros como jóvenes tenemos el derecho y el deber de luchar por lo que nos pertenece y no dejarlo en manos de gente que reparte sobres como caramelos en una fiesta.  Nuestro futuro pinta gris casi negro, pero no por ello nos rendiremos. Nos levantamos a las 6 de la mañana para coger un tren que nos lleve a la facultad en la cual compartiremos clase con otros 800 futuros ingenieros. Creo que en nuestro país no tenemos tanta industria como para que todos podamos participar.

Vivimos en un entorno tan competitivo que sólo sirve el éxito sin importar el precio que tengas que pagar. Falta cariño en la educación primaria , cuidado de no pervertir la enseñanza con leyes parciales. Necesitamos que desde pequeñitos nos enseñen a manejar la frustración y el fracaso.

Tenemos todos los días presente a la prima alemana, en las comidas, en las cenas e incluso cuando lo único que quieres hacer es respirar. Pero nosotros podremos con ello, aprenderemos alemán, chino o incluso suajili si fuese preciso. Porque somos luchadores. Nuestro ansia por el mañana no la podrá frenar una maquinaria corrupta que se parece más a la de Chaplin que a la de un Estado moderno.

El mañana nos espera, utilizaremos el presente para cultivarnos, disfrutar, crecer, madurar y equivocarnos. Nos equivocaremos una y otra vez, pero apretaremos los dientes y clavaremos los codos en nuestros escritorios. Porque es un camino maravilloso y eterno, el futuro se estira en el tiempo como los chicles Boomer de fresa.

Porque no estamos viviendo una carrera, no somos Usain Bolt ni tampoco tenemos que llegar los primeros sin saber siquiera cuál es la meta. Tenemos que creer en nuestras manos, en nuestra cabeza y en nuestras ganas de poder levantar el cuello con orgullo en 2025. El futuro nos aguarda y es mejor que se prepare porque tendría que ser él (y no nosotros) el que espere con miedo.

No llevamos una brújula clavada al pecho que nos oriente hacia lo correcto y beneficioso en todo momento, llevamos imanes en los bolsillos que la desestabiliza un poco.

Guillermo Alija

Estudiante de Ingeniería de Materiales