Si pudiera retroceder unos años atrás para darme algún consejo, no lo haría. Básicamente porque si alguien me hubiera marcado desde el principio el camino adecuado, mi propio camino, ahora mismo estaría preguntándome qué hubiera pasado conmigo de haberme dedicado a otra cosa.

Fueron precisamente todos los momentos de duda, de frustración, todos los coqueteos con otras disciplinas y aquel tema de las “salidas” (la trampa nominal que intentará que vendas tu alma a un concreto y reducido sector del mercado laboral) las que hoy día hacen que esté firmemente convencida. ¿Quién iba a desperdiciar su energía vital en perseguir algo que no quiere? En cambio, cuando ese esfuerzo se traduce en motivación y dedicación por complacerse a uno mismo, no cabe duda: estás haciendo lo correcto.

Somos muchos los que nos angustiamos por encontrar un poco de sentido común en el automatismo de la educación. Supera el colegio para llegar al instituto, para llegar a la carrera, para conseguir tu trabajo, para… ¿Para qué? Es tu vocación la que llena de significado el recorrido. Estudiar no ha de ser un trámite para un objetivo lejano. Estudiar, para los que tenemos la suerte de poder acceder a unos estudios, debería ser el motivo en sí mismo que además nos permita adquirir conocimientos para vivir como queremos y sacar el máximo partido a nuestras capacidades. No es la única vía, pero es un recurso muy valioso.

Sigo un principio sencillo: el diseño gráfico (sustitúyelo por aquello en lo que estés pensando) es en lo que quiero emplear el tiempo que consuma trabajando, porque es lo que me hace disfrutar cuando no tengo por qué hacerlo. Por profesión y por vocación. Y eso a mis ojos es lo único relevante del tiempo: aprovecharlo, cada uno a su manera. Creo que se habla demasiado de perder el tiempo cuando es muchísimo más peligroso perder la ilusión y las ganas por lo que hacemos. Los años que emplees en decidir qué quieres hacer con tu vida son años aprendiendo qué necesitas y qué no te interesa para ser feliz. A unos nos vale una corazonada, algunos preferirán viajar y comparar. No importa lo que tardes, ni que te entretengas; el día que llegues a identificar “lo tuyo”, querrás aprender con tanto ahínco que solo te llevará la mitad de ese preciado tiempo convertirte en profesional. Y se te pasará volando.

¿Que tu elección tiene pocas salidas? En primer lugar, el objetivo quizás no sea triunfar, sino vivir dignamente a nuestra manera. Pero de todas formas párate a pensar en si es más sencillo ser excepcional (y contratado) en algo que te llena o en algo que te da igual. Que ni sí ni no. Ahí lo tienes. Si en el marco social que nos ha tocado vivir hay agentes externos que pueden complicarnos la cosas, qué menos que elegir nosotros mismos por qué causa luchar. Pongámonoslo fácil, que no simple.

Muchas veces nos ayudan aspectos que no tienen nada que ver con lo laboral. Las relaciones desinteresadas y los lazos verdaderos con personas entusiastas de lo suyo enriquecen, si no nuestro currículum, nuestra curiosidad, nuestro afán por experimentar y crear experiencias. Las buenas amistades me han abierto más puertas que cualquier carta de recomendación, apoyándome en mis decisiones y confiando en mi trabajo. Y es que en el momento en que me preguntaron si podría hacer X y dije que sí, ¡no por saber hacerlo! sino por confiar en que podría aprenderlo, fue el día en que todo empezó a rodar. A acumular conocimientos y proyectos que finalmente me resolví a mostrar, gracias a los cuales el círculo de gente que confía en mí a día de hoy es, para mí, más que satisfactorio. Incluyéndome yo misma.

Creo que cada uno debemos buscar nuestro método sin fórmulas de éxito, por eso no soy amiga de consejos. Pero me parece que puede haber una manera de encarar el futuro bastante universal: sin miedo ni prisas, con ganas y esfuerzo.

Teresa Cano

Graduada en Diseño

Teresa Cano Illustration

@dentsdelait