Cuando se hace un alto en el camino de la vida y se echa la vista atrás, uno se da cuenta de que en numerosas ocasiones ese camino se divide en varias direcciones, siendo necesario elegir una en concreto. Una de las primeras fue al terminar cuarto de ESO. ¿Bachillerato de ciencias o de letras? Mis “consejeros” del colegio me recomendaron coger la rama de ciencias por mi capacidad y mis resultados académicos. Sin embargo, una de mis convicciones era que no quería la rama de ciencias puras, así que me decanté por una que consideré intermedia: las Ciencias Sociales. Era la primera vez que me planteaba hacia dónde quería dirigir mi vida. Y, a pesar de aquellas opiniones, decidí escucharme a mí mismo y hacer lo que sentía.

Después de aquellos dos años de bachillerato y tras haber tomado el camino que considero adecuado, de nuevo llegó el momento de elegir. Esta vez ya era una decisión más delicada, puesto que de ella dependía en cierto modo el resto de mi vida. Los resultados obtenidos tras la prueba de selectividad fueron bastante buenos para elegir cualquier titulación. En esta ocasión, la voz de la opinión general volvía a ponerse de alguna manera del otro lado. Mi preferencia iba orientada a matricularme en Educación Especial, para la que la nota de corte del curso anterior no era demasiado alta. Para mucha gente estaba desperdiciando el esfuerzo de haber alcanzado aquella calificación en una carrera con un escaso prestigio. Es cierto que en algún momento me planteé esta cuestión, pero de nuevo decidí escucharme a mí mismo y actuar de acuerdo con lo que sentía. Desde siempre había querido ser maestro y, dentro de las ramas que se me ofrecían, la que más me gustaba era la de la atención a la diversidad. Nunca me he arrepentido de tomar aquella decisión. Fueron tres años en los que aprendí muchísimo, conocí a gente inigualable (que hoy en día conservo) y crecí en distintos ámbitos de la vida que han hecho que sea como soy.

Una vez terminada la carrera, mi vida me llevó a realizar un curso de verano en Londres con un billete de ida y la intención de quedarme allí a vivir guardada en la maleta. Pero, tras un mes y medio en esta ciudad, se me planteó la duda… ¿me quedo o vuelvo a mi país para estudiar Psicopedagogía y obtener así una titulación superior? Tras hacer balance de todo lo que podría conseguir, volví a hacer lo que sentía y decidí regresar. Hoy pienso que también fue una decisión adecuada, ya que además de seguir creciendo, esta vez se me presentó la posibilidad de poder realizar una beca Séneca y vivir un año fuera de casa.

Pasados unos años y habiendo tomado otras decisiones (como la realización de un máster), he llegado a aquello que quería conseguir: dedicarme al mundo de la enseñanza y la educación. No obstante, me encuentro en ese momento en que uno piensa cómo direccionar su vida: presentarme a unas oposiciones, cambiar de ciudad, etc. Llegado a este punto y pensando en mi experiencia, mi consejo es que te escuches a ti mismo. Piensa en aquello que te gusta, que te hace feliz, y orienta tu vida hacia ello. Déjate guiar por lo que sientes y piensa que el límite en cada momento debe ser aquello que uno quiere conseguir.

Antonio Fernández

Diplomado en Educación Especial y Licenciado en Psicopedagogía

@Antochu